Tu leve gemido atraviesa los muros de ansiedad que cubren mi espíritu. Recobro la conciencia fingida de una irónica realidad. Me levanto. Atientas me recargo en paredes estoicas e indiferentes a mi vida común. Busco el artefacto metálico que por fin conseguirá nuestra cercanía anhelada. El portal deja entrar la luz junto con tus ímpetus y yo te sostengo entre mis brazos y acaricio tu felpuda piel. Amor mío. Dulce gatito.
domingo 2 de agosto de 2009
A mi hermano menor
La neblina reviste poco a poco la tierra que habito. Su densa humedad embarga de nostalgia trágica mis huesos. Mamá otra vez grita. Él otra vez se regocija en su burlesca perorata. Yo de nueva cuenta me fastidio del cinismo casi cómico que refleja en su mirada. Mamá intenta hablar, no lo consigue. Grita entonces y él ríe. Se enfada más y por dentro llora. Lagrimas no hechas de coraje que es lo que refleja su faz, más bien son de miedo, desconcierto o aflicción, pues él se deja venir en caída libre a un foso fangoso sin impórtale nada y ella con esos gritos no puede rescatarlo. No se si él lo sabe, a veces pienso que si. Duele más. Duele en tanto ves sufrir a la madre por aquel que no le importa. Es entonces que quizás solo habría que recordar que ese también es su hijo.
jueves 9 de julio de 2009
Intento
Eco ensordecedor de media noche. Mente divagante en la blancura de la nada. Dedos ávidos de silabear frases que llenen la ansiedad febril. Morfeo asecha mi postura oblicua frente a un papel virtual. Creo que me rindo…
viernes 12 de junio de 2009
Hambre
Muero de hambre recostada en un sillón hecho girones. Pienso que comer anestesia mi dolor por seguir estando aquí. Ese instinto autómata y masoquista me levanta. Camino hacia la puerta y pienso
- ¿Cuánto compro de tortillas? Creo que lo más sensato son 5 pesos, pues es lo justo para mi consumo.
Salgo a la calle y me topo con el flamante sol el cual se contonea para presumir su rubia cabellera. Su vanidad me irrita. No tolero su egolatría. Lo prefiero en diciembre. Tan depresivo y sumiso. Camino absorta en el dolor abdominal que produce no haber ingerido alimento desde la noche anterior. Es agudo. Como si una mano brotara desde dentro y me mostrara el estomago. Pero lo disfruto, pues me distrae de mi alrededor incandescente. Saboreo la sensación incomoda y envolvente. Derrepente, al pasar por una calle oigo una voz pueril. - ¡señora malvada, vieja chancluda¡. Volteo a ver al agresor y lo afronto con mirada inquisidora. Me muestra su diminuta y roja lengua. Corre. Inconmovible, no puedo creer que me haya llamado “Señora”.
sábado 30 de mayo de 2009
Manjar a domicilio...
Es medio día. El calor insoportable derrite el chapopote de calles polvorientas con ondas que inundan de olas caloríficas, la mirada del peatón. Tú, en casa, refrescándote con un ventilador que regala su aliento de vida, añoras una bebida fría digna de dioses. En eso, oyes un grito entre pasmoso, melancólico y exigente…
-Pozol... va querer pozol.
Oyes a lo lejos la negativa de un vecino indiferente ante aquel sacrificio meritorio de un héroe. Te levantas del sofá inundado de tu ser acuoso por castigo de Apolo, que parece estar más enfurecido que de costumbre. Buscas en tu vitrina un metal insipiente que te dará la llave al deleite del sabor a cacao helado en tu boca. Después de revolotear papeles, frascos y de más chácharas encuentras aquella tableta metálica que saciara tu antojo.
Por fin, el anciano con paso amalgamado a una tierra inerte y sabedora de huellas, llega a tu puerta y ofrece el producto deseado.
-Pozol, va querer pozol…
Tú sales al encuentro presuroso por poseer el sabor entre tus labios y la lengua ansiosa recorre la boca cerrada e inundada de saliva insinuante. Pides dos piezas del manjar. Pagas. Te diriges a la cocina y preparas la licuadora para su proceso final. Bebes el líquido espeso y refrescante. Su sabor inunda las papilas gustativas una a una y se desliza por la garganta hasta caer en el estomago apaciguando el hervor actual. Tu gula ha sido atiborrada, puedes estar en paz.
Descansas en el sofá nuevamente cuando oyes alboroto en la calle, sales con la curiosidad de un gato a observar lo que provoca la efervescencia entre las personas. Descubres que dos calles a delante han atropellado a aquel héroe que arriesgo su talluda y anciana piel para complacer tus deseos. Estás atónito. No puedes creer tanta maldad, no puedes creer que la imprudencia de un fulano te haya privado del pozol a domicilio.
-Pozol... va querer pozol.
Oyes a lo lejos la negativa de un vecino indiferente ante aquel sacrificio meritorio de un héroe. Te levantas del sofá inundado de tu ser acuoso por castigo de Apolo, que parece estar más enfurecido que de costumbre. Buscas en tu vitrina un metal insipiente que te dará la llave al deleite del sabor a cacao helado en tu boca. Después de revolotear papeles, frascos y de más chácharas encuentras aquella tableta metálica que saciara tu antojo.
Por fin, el anciano con paso amalgamado a una tierra inerte y sabedora de huellas, llega a tu puerta y ofrece el producto deseado.
-Pozol, va querer pozol…
Tú sales al encuentro presuroso por poseer el sabor entre tus labios y la lengua ansiosa recorre la boca cerrada e inundada de saliva insinuante. Pides dos piezas del manjar. Pagas. Te diriges a la cocina y preparas la licuadora para su proceso final. Bebes el líquido espeso y refrescante. Su sabor inunda las papilas gustativas una a una y se desliza por la garganta hasta caer en el estomago apaciguando el hervor actual. Tu gula ha sido atiborrada, puedes estar en paz.
Descansas en el sofá nuevamente cuando oyes alboroto en la calle, sales con la curiosidad de un gato a observar lo que provoca la efervescencia entre las personas. Descubres que dos calles a delante han atropellado a aquel héroe que arriesgo su talluda y anciana piel para complacer tus deseos. Estás atónito. No puedes creer tanta maldad, no puedes creer que la imprudencia de un fulano te haya privado del pozol a domicilio.
viernes 29 de mayo de 2009
Por eso...
En la penumbra de un cuarto apenas iluminado por la luz de una ventana fría y sin vida, que aparenta ser tú. Me encuentro añorando la visita de tu sombra. Es por demás pensar en ti, tú no estas, no estuviste, nunca estarás….
Soñar con la utopía de la posesión de tu alma, es perder segundos de existencia… pero ¿importa acaso?, ¿tiene algún sentido la existencia? … es lo mismo, la misma mierda revuelta en tierra suelta de huellas de gente sin sombra, carente de sentidos… tú los tienes, esos sentidos, absortos en una idea oblicua de la potente oscuridad… por eso me tienes absorta en ti, por eso pienso en ti, por eso gasto segundos de mi existencia, por eso hayo sentido a está, por eso sigo escribiendo nada….
Soñar con la utopía de la posesión de tu alma, es perder segundos de existencia… pero ¿importa acaso?, ¿tiene algún sentido la existencia? … es lo mismo, la misma mierda revuelta en tierra suelta de huellas de gente sin sombra, carente de sentidos… tú los tienes, esos sentidos, absortos en una idea oblicua de la potente oscuridad… por eso me tienes absorta en ti, por eso pienso en ti, por eso gasto segundos de mi existencia, por eso hayo sentido a está, por eso sigo escribiendo nada….
viernes 1 de mayo de 2009
Selene
Caminando por las calles húmedas de una ciudad inconmovible al sentir de cada uno de sus habitante, en una fría y lluviosa noche de invierno, topando espíritus vertiginosos, ansiosos por techados que resguardasen su integridad, gigantes inmóviles que soportan bríos inconstantes y bólidos acelerados levantando pequeños tsunamis al paso, Selene recordaba el día que en aquel viejo parque cercano a casa, inundado de flores primaverales, y chorreante de niños que vomitaban felicidad a cada grito, había conocido a Narciso, un joven de robusta figura, ensortijado cabello y tez muy clara, que con su inigualable sentido del oportunismo se había detenido junto a ella para remediarla de la soledad y el hastió de vivir.
Selene recordaba su rostro ancho recubierto con aquella maraña de bucles que desbordaban de su cabeza, al igual, resonó en su mente aquella voz que por primera vez se dirigía a ella, era queda, pero con fuerza tal que parecía envolverla a cada frase.
-¿que te ocurre?
-no entenderías- gimió Selene, con la mirada perdida y apunto de desbordar las lágrimas.
-quiza si, si me cuentas
-la soledad, es tan ruinosa que parece atragantarme y quererme asfixiar para de una vez deshacerse de mí.
- se suele sentir eso.
Selene detuvo el paso llovedizo y se quedo con la frase. “Se suele sentir eso”; se le ocurrió entonces que anterior a esa platica, había tenido intentos de charlas con otras personas y que nadie, ni por mera lastima, le había dicho eso. Esbozo una pequeña sonrisa, que broto natural con aquel recuerdo, y sigo el paso y el rodaje de la evocación atravesando las cortinillas de agua que se precipitaban.
-es como si algo por dentro te carcomiera eso que llamamos alma, y duele, duele mucho- fijo la mirada en los ojos de aquel intruso, él asintió con la cabeza y continuo la idea, como si aquella hubiera quedado inconclusa.
-y sientes entonces que nadie te entiende y entre más intentos haces por que te comprendan es como si cayeras en arenas movedizas que te llevan directo a la nada. No es así.
Ahora no solo la fria lluvia mojaba el rostro de Selene, sus tibias y salinas lágrimas compartían espacio en su semblante.
Llego a casa empapada no sólo de lluvia, también de nostalgia. Recordar a Narciso era como una expiación de su alma cuando se congestionaba esta de caos. Empezó a deshacerse de cada prenda que traía en cima, como si aquella ropa fuera la que le provocara ese peso inmenso que sofocaba su cuerpo, hasta quedar completamente desnuda. Se dirigió al cuarto anegado de oscuridad y silencio y a tientas encontró la cama, se acurruco en ella y de nuevo comenzó a llorar; quedo profundamente dormida.
Apolo, escurridizo, se filtro por una ventana para observar de cerca el frágil cuerpo desnudo de Selene, pues era un espectáculo aquello digno de dioses, pero su presencia fue descubierta, pues su radiante imagen, entibio su sueño y la hizo despertar.
De nuevo, Selene se puso en pie, abrió el viejo armario con olor a naftalina, y busco algo que ponerse, sujeto unos jeans, una blusa escotada y fiusha, como ella las prefería y unos tenis “convers” que la acompañaban a todas partes, sin chistar.
Tomo un desayuno digno de la más abnegada mujer obesa en preparación para dejar de serlo, un escueto tazón de cereal, y era un trágico desayuno, no por lo lacónico, si no por que Selene no quería almorzarlo, sólo lo hacia por que sabia las consecuencias infaustas de la inanición. A fuerza de voluntad, ingirió todo el contenido del tazón, lavo su boca y salio a la calle en busca de una librería, necesitaba adquirir lo nuevo de la literatura de Élite chiapaneca. “Te gusta el Latex Papi” de la talentosisima y joven promesa escritora, Nadia Villafuerte. Era menesteroso aplacar sus ansias incontrolables pirómanas, y que mejor que con aquel indefenso libro.
Al cruzar una avenida, viro hacia su derecha y le pareció observar a Ulises, aquel templado muchacho de piel triguella y esbelta figura, con los más hermosos ojos que jamás la huvieran visto, el brillo de un charolado auto la desoriento por un instante, y entonces la imagen de él se había desvanecido.
Verlo aunque sea en su imaginación, la había empapado de melancolía, pues recordó el día en que él la forjó especial.
En aquel grisaseo cuarto encharcado de pláticas cotidianas que personas ebrias mantenian mientras evaporan el alma fria de cervezas, ese olor a soledad que se respira cuando hay demasiada gente, ahí, sin más, Selene sintió las perpetuamente tibias manos de Ulises en su rostro y su húmeda boca se fusiono a la suya haciéndose una, él no simplemente la beso, en un suspiro, fragmento su alma robándole alevosamente un trecho que hasta la fecha no le había devuelto. Y no conforme con ello, la hirió de muerte diciendo ese “Te quiero”
Selene se detuvo para esperar que el tráfico avanzara, mientras tanto observo como una muchacha rubia, hacia mimos cursis y risibles a un moreno joven de conflexion robusta, ridículamente la puso taciturna y dando paso la luz roja se dispuso seguir su camino.
Definitivamente eso del amor siempre había resultado en demasía complejo,sobre todo para alguien como ella.
Caminar por en medio de una multitud, pensando en el porque ocurren situaciones como esas a una simplona mujer como ella, era hasta el momento el unico motivo de su existir.
Selene recordaba su rostro ancho recubierto con aquella maraña de bucles que desbordaban de su cabeza, al igual, resonó en su mente aquella voz que por primera vez se dirigía a ella, era queda, pero con fuerza tal que parecía envolverla a cada frase.
-¿que te ocurre?
-no entenderías- gimió Selene, con la mirada perdida y apunto de desbordar las lágrimas.
-quiza si, si me cuentas
-la soledad, es tan ruinosa que parece atragantarme y quererme asfixiar para de una vez deshacerse de mí.
- se suele sentir eso.
Selene detuvo el paso llovedizo y se quedo con la frase. “Se suele sentir eso”; se le ocurrió entonces que anterior a esa platica, había tenido intentos de charlas con otras personas y que nadie, ni por mera lastima, le había dicho eso. Esbozo una pequeña sonrisa, que broto natural con aquel recuerdo, y sigo el paso y el rodaje de la evocación atravesando las cortinillas de agua que se precipitaban.
-es como si algo por dentro te carcomiera eso que llamamos alma, y duele, duele mucho- fijo la mirada en los ojos de aquel intruso, él asintió con la cabeza y continuo la idea, como si aquella hubiera quedado inconclusa.
-y sientes entonces que nadie te entiende y entre más intentos haces por que te comprendan es como si cayeras en arenas movedizas que te llevan directo a la nada. No es así.
Ahora no solo la fria lluvia mojaba el rostro de Selene, sus tibias y salinas lágrimas compartían espacio en su semblante.
Llego a casa empapada no sólo de lluvia, también de nostalgia. Recordar a Narciso era como una expiación de su alma cuando se congestionaba esta de caos. Empezó a deshacerse de cada prenda que traía en cima, como si aquella ropa fuera la que le provocara ese peso inmenso que sofocaba su cuerpo, hasta quedar completamente desnuda. Se dirigió al cuarto anegado de oscuridad y silencio y a tientas encontró la cama, se acurruco en ella y de nuevo comenzó a llorar; quedo profundamente dormida.
Apolo, escurridizo, se filtro por una ventana para observar de cerca el frágil cuerpo desnudo de Selene, pues era un espectáculo aquello digno de dioses, pero su presencia fue descubierta, pues su radiante imagen, entibio su sueño y la hizo despertar.
De nuevo, Selene se puso en pie, abrió el viejo armario con olor a naftalina, y busco algo que ponerse, sujeto unos jeans, una blusa escotada y fiusha, como ella las prefería y unos tenis “convers” que la acompañaban a todas partes, sin chistar.
Tomo un desayuno digno de la más abnegada mujer obesa en preparación para dejar de serlo, un escueto tazón de cereal, y era un trágico desayuno, no por lo lacónico, si no por que Selene no quería almorzarlo, sólo lo hacia por que sabia las consecuencias infaustas de la inanición. A fuerza de voluntad, ingirió todo el contenido del tazón, lavo su boca y salio a la calle en busca de una librería, necesitaba adquirir lo nuevo de la literatura de Élite chiapaneca. “Te gusta el Latex Papi” de la talentosisima y joven promesa escritora, Nadia Villafuerte. Era menesteroso aplacar sus ansias incontrolables pirómanas, y que mejor que con aquel indefenso libro.
Al cruzar una avenida, viro hacia su derecha y le pareció observar a Ulises, aquel templado muchacho de piel triguella y esbelta figura, con los más hermosos ojos que jamás la huvieran visto, el brillo de un charolado auto la desoriento por un instante, y entonces la imagen de él se había desvanecido.
Verlo aunque sea en su imaginación, la había empapado de melancolía, pues recordó el día en que él la forjó especial.
En aquel grisaseo cuarto encharcado de pláticas cotidianas que personas ebrias mantenian mientras evaporan el alma fria de cervezas, ese olor a soledad que se respira cuando hay demasiada gente, ahí, sin más, Selene sintió las perpetuamente tibias manos de Ulises en su rostro y su húmeda boca se fusiono a la suya haciéndose una, él no simplemente la beso, en un suspiro, fragmento su alma robándole alevosamente un trecho que hasta la fecha no le había devuelto. Y no conforme con ello, la hirió de muerte diciendo ese “Te quiero”
Selene se detuvo para esperar que el tráfico avanzara, mientras tanto observo como una muchacha rubia, hacia mimos cursis y risibles a un moreno joven de conflexion robusta, ridículamente la puso taciturna y dando paso la luz roja se dispuso seguir su camino.
Definitivamente eso del amor siempre había resultado en demasía complejo,sobre todo para alguien como ella.
Caminar por en medio de una multitud, pensando en el porque ocurren situaciones como esas a una simplona mujer como ella, era hasta el momento el unico motivo de su existir.
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